Nocte de Paz
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© 2009 Petr Katrochvil por la ilustración de portada
© 2009 Los autores por sus respectivos textos
© 2009 Ediciones Efímeras por la edición
www.edicionesefimeras.com
Impreso en España
Para los que esperan con paciencia
que vuelvan los niños
que se llevaron los Reyes Magos
INTRODUCCIÓN
Tras la excelente acogida de
Y si quieren conocer más NOCTE y sus autores, visiten su web:
www.nocte.es
AUTORES
Magnus Dagon
Juan de Dios Garduño
David Jasso
Rubén Serrano
J. E. Álamo
Nuria C. Botey
Juan Ángel Laguna Edroso
Sergio Mars
Pedro L. López
Roberto Malo
Fermín Moreno González
Pedro Escudero Zumel
Julián Sánchez
Santiago Eximeno
José María Tamparillas
Roque Pérez Prados
Óscar Bribián
Alberto García-Teresa
Alfredo Álamo
Magnus Dagon
ESE ÁRBOL DE NAVIDAD SE MUEVE
VERSIÓN 1
Ese árbol de Navidad se mueve. Estoy convencido de ello. Mientras veo la televisión, a veces noto cómo se agitan sus ramas, de reojo, cuando cree que no me doy cuenta. Una noche me acerqué a examinarlo con calma, y cuando quise darme cuenta, echó sus raíces sobre mí. Y empezó la transformación.
Ahora aprecio con total claridad cuándo agita sus ramas. Pero él también me ve cuando yo agito las mías.
VERSIÓN 2
Ese árbol de Navidad se mueve. Tal vez parezca que estoy loco, pero sé que es verdad. Igual es alguna clase de venganza por la enorme cantidad de ellos que masacramos llegadas estas fechas. Igual no. Quién sabe.
Al borde de la paranoia, un día que vi claramente cómo se retorcía hasta el punto de que se estaba inclinando ante mis ojos, me aproximé a él con calma. Eso supuso mi muerte.
Concretamente, cuando la horda de termitas y otros insectos que lo estaban carcomiendo saltaron sobre mí y me devoraron desde dentro.
VERSIÓN 3
Ese árbol de Navidad se mueve. Es un hecho. Es una realidad. Ya ha matado a mi gato, y pronto irá a por mí. Estoy sentado en una esquina de la habitación, escopeta en mano, pero dudo mucho que sirva de nada después de ver lo que le hizo a mi mascota.
Podría pensar que va a convertirme en una planta como él. Podría ser más místico y concluir que se trata de una revancha de la maltrecha naturaleza. Pero hay un pequeño problema a todos estos razonamientos.
Desde hace años, mi árbol es completamente artificial.
VERSIÓN 4
Ese árbol de Navidad se mueve. No lo sé porque lo vea, pero estando dormido, escucho el ruido de las bolas de adorno golpear contra el suelo, y a la mañana siguiente las encuentro hechas añicos en el suelo. No le gusta ser adornado, por lo visto.
Un día, recogiendo los cristales rotos, vi algo reflejado en uno de ellos tan pavoroso, una sombra convexa y verde que se abalanzaba a por mí, que decidí salir corriendo y cerrar con llave a mi espalda.
Algún día saldrá. Lo sé. Y llegado ese momento, tendré que estar preparado.
VERSIÓN 5
Ese árbol de Navidad se mueve. Hoy es Navidad. A sus pies, he encontrado varios regalos y un traje enorme de Papá Noel, completamente hecho jirones. Y el muy cabrón parece estar, de repente, mucho más gordo.
VERSIÓN 6
Ese árbol de Navidad se... ¡aaaaaargh!
Juan de Dios Garduño
MUERTE A LA NAVIDAD
Papá Noel corría por las oscuras calles de una ciudad en llamas. Jaurías humanas pasaron junto a él pero tuvo tiempo de esconderse detrás de un contenedor ardiendo antes de que le viesen. Se le quemaron las manos al apoyarse y se maldijo.
Estaba cansado, tenía flato y el traje destrozado, pero había conseguido deshacerse de los perros que le habían mordido por todo el cuerpo. Pensó en el pobre Rudolph con su naricita roja y en los demás renos, siendo torturados y descuartizados por aquellas personas enloquecidas.
Asomó la cabeza para ver si podía salir de su escondite para seguir huyendo. Fue un error.
—¡Eh, está ahí! —gritó alguien.
De repente se vio rodeado de una multitud de hombres y mujeres armados con hachas y cuchillos y bates de béisbol. Matrimonios que habían dejado maniatados a sus hijos en la cama.
—¡Muerte a la Navidad! —decían a coro con ojos plagados de telarañas rojas— ¡Muerte a la Navidad!
Papá Noel sólo pudo emitir un único y repetitivo pensamiento agónico antes de que le molieran a golpes, le arrastraran por la ciudad en llamas y le descuartizaran.
¡PUTA CRISIS!
David Jasso
EL AMIGO INVISIBLE
En la asociación de escritores de terror se cansaron de celebrar el "amigo invisible" porque les parecía soso. Pusieron en marcha el "enemigo invisible". Ahora ya solo quedan tres socios.
. o O o .
QUIERO MI REGALO
El niño rajó el vientre de Papá Noel. Y escarbó entre las vísceras. No, allí tampoco escondía su iPod de regalo. Tendría que seguir buscando.
. o O o .
LA ANTOLOGÍA
El joven había pedido como regalo de Navidad una antología de microrrelatos de Nocte. Siempre encontraba alguna buena idea para destripar gente de forma original. Esperaba no quedar defraudado.
. o O o .
MIEDITO
Los pajes de los Reyes magos se sentían un poco intranquilos. Ellos eran los encargados de aportar los regalos, y sus majestades les miraban de forma extraña. Ese año se había desatado la plaga y todos los niños zombis habían pedido cerebros.
. o O o .
¿BELÉN O ÁRBOL?
El padre estaba bastante preocupado. Le había preguntado a su hijo qué prefería montar, belén o árbol de Navidad. El niño le respondió que quería combinar ambas cosas. Lo que le inquietó fue que el chico se pusiera una capucha de verdugo y colgara por el cuello a todas las figurillas del belén en el árbol de Navidad.
Rubén Serrano
EL HALLAZGO DE PAPÁ NOEL
Papá Noel se aseguró bien el arnés y se descolgó por el amplio tubo de ventilación, como ya había hecho otras muchas veces, especialmente por esas fechas. No había fortaleza inexpugnable ni edificio que se le resistiera. Y, por supuesto, aquella compañía no iba a ser una excepción. Sin embargo, su objetivo en esa ocasión no era llevar regalos a los altos ejecutivos, sino averiguar la verdad… Burlando la seguridad de las modernas instalaciones y evitando ser descubierto, llegó hasta el subnivel 5, donde se topó con las cámaras de clonación. Al mirar más de cerca, cada una de ellas le devolvió su propia imagen, como si fueran espejos. Allí se hallaban miles y miles de copias de sí mismo… Y entonces lo comprendió todo: ésa era la única manera de poder repartir todos los regalos en una sola noche. Era lógico, sí. Sin embargo, se había perdido la magia. Los tiempos modernos habían desvirtuado la Navidad.
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J. E. Álamo
ESPÍRITU NAVIDEÑO
Mariano decidió organizar una fiesta navideña. Adornó la casa con luces, guirnaldas y muérdago. Preparó el abeto frente al gran ventanal que daba a la calle, y colocó varios paquetes a su alrededor. Se detuvo unos instantes con un brillo en los ojos, pensando en el momento en que los regalos serían desenvueltos.
Mientras tarareaba los villancicos de su niñez, limpió la cubertería de las grandes ocasiones. Por último, dispuso trapos y fregonas para recogerlo todo tras la celebración. Luego salió a la calle con el corazón ligero y un frasco de cloroformo bajo el amplio abrigo en busca de sus invitados.
Nuria C. Botey
CENA DE NAVIDAD
Las criaturas levantaron al cielo sus imposibles hocicos peludos, olfateando la noche. Apenas un segundo más tarde, el inconfundible aroma a carne humana salpimentada de licor que escapaba por la puerta entreabierta del restaurante se adueñó de sus cerebros. Obedeciendo a un reflejo incontenible, la saliva comenzó a gotear por sus belfos entreabiertos, mientas las poderosas garras de sus pulgares oponibles se incrustaban en los respectivos troncos de árboles tras los que se ocultaban, surcándolos de cicatrices.
Dentro del local, los investigadores de aquel departamento que –ajenos a la corriente de individualismo imperante en el mundo académico– año tras año se empeñaban celebrar una cena Navidad más propia de una multinacional americana que de una Facultad española, continuaban comiendo, bebiendo, riendo y criticando despiadadamente a sus alumnos, con la misma alegría festiva, inocente y etílica de reuniones anteriores.
Cuando acabó el ágape y los participantes salieron a la calle, nadie recordaba ya a quién correspondía aquella noche el dudoso honor de llenar los comederos de los animales de experimentación. Pero en cuanto se disiparon los nubarrones que hasta ese momento habían ocultado la silueta de la luna llena, y el eco de una jauría de aullidos salvajes rebotó en las fachadas colindantes, semejante descuido no tardó en quedar subsanado.
De forma más que satisfactoria para los damnificados, hemos de reconocer.
Juan Ángel Laguna Edroso
ROJO – HO – HO!
Cuando Papá Noel descubrió las maquinaciones de aquella multinacional para ligar su imagen al color de su refresco estrella rodaron cabezas. Desde entonces, baja por las chimeneas de las alegres familias consumidoras totalmente teñido de sangre.
Sergio Mars
MI CUMPLEAÑOS
Se acerca otra vez la Navidad, y con ella mi cumpleaños y como cada año todos hablan, hablan, hablan, hablan, hablan sobre el modo de acabar conmigo, y no sé el porqué de tanto odio, aunque supongo que puede deberse al miedo, porque sí, les doy miedo, lo sé, se lo he dado siempre, soy diferente, distinto, ¿mejor o peor?, no importa, nunca importa, el miedo no se basa en eso, es ciego, ilógico, nace en la boca del estómago y sube, como la bilis, y como la bilis amarga, nubla las ideas, cubre cualquier otro pensamiento, dejándolo solo, dominante, abrasador, perfecto, la sensación perfecta, eso es el odio, os lo puedo decir yo, que soy un experto, porque yo también los he odiado desde siempre, porque son diferentes, porque no son yo, porque me odian, un círculo de odio que engendra odio, infinito, terrible, no me gusta vivir odiando, que es lo mismo que vivir con miedo, así que me he propuesto romper el círculo, quiero dejar de odiarles, y por eso los mataré, antes de que ellos me maten a mí, porque sé que hablan, hablan, hablan, hablan, hablan sobre el modo de romper el círculo acabando conmigo, y eso es algo que no puedo permitirles, porque yo soy el círculo y si me rompen no existo, ni existen ellos, aunque eso es algo que no quieren reconocer, por eso me atacan, atacándose a sí mismos, por eso cuchichean en las esquinas, intercambian gestos cuando creen que no los veo, se dejan notas, estrechan el cerco, sobre todo en estas fechas, cuando se acerca mi cumpleaños, cuando dicen que se acerca, porque yo no puedo asegurarlo, no lo recuerdo, quizás no nací, eso es lo que ellos dicen, yo no me imagino naciendo, un niño llorón, arrugado, ensangrentado, indefenso, sí, indefenso, por eso no puedo haber nacido, porque un niño recién nacido está indefenso, y entonces hubieran aprovechado para matarme, es la oportunidad que siempre están buscando, la de encontrarme indefenso, para matarme, porque me odian, por eso se inventaron lo del cumpleaños, para hacerme sentir indefenso, vulnerable, hacerme bajar las defensas, minar mi odio, que me protege, me hace estar alerta, vigilar sus intrigas, observarlos cuando hablan, hablan, hablan, hablan, hablan, hablan sobre cómo terminar conmigo, y como no fue suficiente se inventaron la Navidad, Feliz Navidad, estúpida Navidad, traidora Navidad, para debilitarme aún más en mi cumpleaños y hacerme vulnerable, para adormecer mi odio y hacerme vulnerable para cegarme con sus luces y hacerme vulnerable, aunque no saben que les he descubierto, que les he visto hablar y les he visto odiarme y que he visto que se creen su mentira tanto que ellos también se debilitan y se hacen vulnerables, aunque no sea su cumpleaños como sí es el mío, lo cual puede ser una suerte, ya que en cualquier otra fecha que hubieran inventado la Navidad hubieran podido sorprenderme con la guardia baja, y matarme, pero no en mi cumpleaños, cuando sé que soy vulnerable y estoy vigilándoles, atento a cualquier trampa, refugiándome en mi odio, que es lo único que me protege del miedo, que es lo que me separa, ese conocimiento que me hace diferente y hace que me teman y me odien y que quieran matarme y que yo tenga que matarlos a ellos, para defenderme, porque mi cumpleaños y la Navidad me debilitan y un año me descuidaré y acabarán conmigo, si no acabo yo antes con ellos, este año, sin falta, cuando aún el odio es más fuerte el que miedo, acabaré con ellos y adornaré su árbol, su falso árbol de Navidad, falsa Navidad con sus cuerpos, el día de mi cumpleaños, sus cálidos cuerpos ensangrentados, como si fueran recién nacidos, colgados de las ramas del falso árbol de su falsa Navidad, para ser libre y dejar de odiarles, dejar de temerles, dejar de temer a la Navidad, que es cuando se reúnen y hablan, hablan, hablan, hablan, hablan, hablan sobre mí.
Pedro L. López
EL DESEO
Era una mañana fría, muy fría, la voz me dijo que cerrara los ojos y pidiera un deseo, era Navidad. Por un instante los apreté con fuerza y pensé en mi regalo, al abrirlos de nuevo, vi decepcionado que el cuchillo seguía allí, clavado en su cuello, rodeado de sangre. Papá Noel ya no se iba a levantar. Ni hoy ni nunca.
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JERICÓ
—¡Mira, Alex mira! —grité despertando a mi hermano a las tres de la mañana— ¡Allí en el cielo, es Papá Noel, viene a traer los regalos!
Somnoliento, Alex miró por la ventana para ver un cielo enrojecido, rasgado de punta a punta con sangre y destrucción. Al fondo cuatro jinetes dispuestos a bailar bajo las trompetas de Jericó mostraban el principio del fin.
—¡Me parece que esta vez no es Papá Noel, Rubén! ¡Esta vez no!
. o O o .
NEGRA NAVIDAD
Solamente quiero que esta velada pase pronto, es Nochebuena, y me traen una estupenda cena, con pavo, vino, barquillos y turrón. El nudo en mi estómago apenas me deja digerir nada. Cuando termino el dulce yantar vienen a por mí y deseo rezar para que esta noche sea diferente, para que todo salga bien. Pero cuando abren la puerta y veo el cadalso sé que no será así.
No tenia que haberlo matado. A él no. En esta noche no.
Roberto Malo
EL ÁRBOL NECESITA REGALOS
El pederasta estaba inconsciente, desnudo, atado y amordazado en una silla del salón en penumbra. Cuando abrió los ojos, vio la silueta de la joven que lo había dejado sin sentido, recortándose contra las luces de un gran árbol de Navidad.
—¿Ves el árbol, cabrón? —señaló ella, y él tragó saliva, reconociendo la voz (ahora algo más grave y amarga, con muchos más años y experiencia) —. Es bonito, ¿verdad? —sonrió ella maliciosamente, y mostró unas enormes tijeras de podar—. Sólo le faltan las bolas…
. o O o .
PONGA UN POBRE EN SU MESA
Cada Navidad, hago mi buena acción. Pongo alguno de los pobres del barrio en mi mesa. Y sinceramente, una vez cocinados, ya no huelen tan mal. Y más de uno resulta exquisito.
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LAS FIGURITAS DEL BELÉN
Cada noche, en la oscuridad del salón, las figuritas del belén organizan batallas y combates. Los romanos por un lado, los pastores y los reyes por el otro. A la mañana siguiente, a muchas figuritas les faltan brazos, piernas, cabezas… El pobre gato, inocente por una vez, se lleva las broncas de los dueños con serena resignación.
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CARTA A LOS REYES
Queridos Reyes Magos:
Este año os voy a pedir algo especial; no es realmente un regalo. Además, con lo que os voy a pedir, os vais a ahorrar muchos futuros regalos. Mi deseo, sencillamente, es que se muera mi hermano pequeño, que de un tiempo a esta parte se lleva todas las atenciones (y todos los regalos). Confío en vuestra discreción; que parezca un accidente.
Firmado:
Fermín Moreno González
Nadie sabe realmente qué hizo Papá Noel con Mamá Noel.
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—¡José! ¿Y el niño? ¿Dónde has estado? —preguntole María, postrada en el lecho.
—En la Gehenna —díjole José.
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—Helo aquí, oh Moloch, el hijo de un dios —principió a salmodiar José.
--
Pedro Escudero Zumel
MERCEDITAS
Merceditas no ha escrito carta a los Reyes Magos. Tampoco a Papá Noel. Ya tiene su regalo. Con trazo inseguro pinta en la pared de su cuarto con sus manos manchadas de sangre: "Papá no volverá a tocarme".
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UNA VIEJA TRADICIÓN
Referentes. En la Navidad lo que importa son los referentes. Por eso cada año cambio al chico del cartón de leche: Desangro al anterior y secuestro al siguiente.
¡Ho, ho, ho!
Julián Sánchez
COMO MANDA LA TRADICIÓN
Justo el día 22 ata a toda la familia y mete los papelitos en la bolsa que él mismo saca de su nueva lotería navideña. La mano se la corta a la quinceañera, el disparo en los genitales le toca al abuelo, la mutilación de piernas y orejas a la madre, al bebé le premia con tres tiros entre las fosas nasales, pero es al padre al que le cae su Gordo de Navidad de este 2009 consistente en una disección sin anestesia.
Santiago Eximeno
CUENTO DE NAVIDAD
—Quiero un informe —dijo el comisario—. Breve y didáctico, por favor.
El agente custodiaba a un hombre obeso, con barba blanca y ataviado con un traje rojo. El comisario le miró con aprensión. Junto a él otro hombre, nervioso, bebía agua de un botijo con manos temblorosas.
—Aquí, este gordo —dijo el agente, señalando al hombre del traje rojo—, que dice que es Papá Noel, que ha entrado por la chimenea por error y que ya se marchaba. El dueño de la casa nos ha llamado tras lograr reducirlo con el atizador. Caso claro de allanamiento.
—No me lo puedo creer. Si estamos en agosto… En fin, nos lo llevamos a comisaría.
—Eso dígaselo a él —dijo el agente, señalando al reno de nariz roja que esperaba en la puerta—. Dice que es su abogado.
José María Tamparillas
EL TAMBORILERO
No importa el programa. Fue un especial Día de los Inocentes y pensaron que la broma podía ser divertida.
—¿Al revés?
—Nadie se dará cuenta.
Producción dio el visto bueno.
El día veintiocho, a la una de la madrugada, el presentador anunció la gran exclusiva. Tras él se desplegaba un gran nacimiento y un árbol de Navidad cargado de resplandecientes bolas y espumillón de colores; su compañera mostraba una sonrisa cargada de circunspección.
—…Fue de casualidad. Uno de nuestros televidentes lo grabó con su teléfono móvil. Amigos de lo oculto. Óiganla. Es escalofriante, la psicofonía más extraña que nuestro equipo haya oído jamás. Poco puedo decir, habla por sí sola.
Realización oscureció el ambiente y dio salida al sonido.
Distorsionado y desabrido, como un quejido chirriante, Raphael comenzó a entonar El Tamborilero marcha atrás; lento, muy lento al principio, poco a poco más intenso y veloz, bañándolos en unos acordes extravagantes, semejantes a una vieja plegaria olvidada.
Al cabo de un minuto el suelo del estudio retembló, la sonrisa de la presentadora se borró y las bolas de cristal del árbol estallaron al unísono, en ese y en los de todos aquellos que estaban viendo el programa.
Fue la última Navidad
Ya nadie se acuerda de aquello, solo los más viejos, aquellos que no han sido devorados.
Roque Pérez Prados
OBSESIÓN
Hace mucho que me fijo en ella. Tras los cristales, para que nadie me vea. Algunas veces disimulando cuando paseo por la calle iluminada con luces de colores y guirnaldas relucientes. Incluso me he planteado entrar, pero siempre acabo pasando de largo. Es muy bella y simpática. Me gusta su forma de vestir, tan elegante y a la moda. La deseo, sueño con ella y espero el momento de tenerla entre mis brazos. Ayer desperté en la madrugada y una sensación indescriptible me condujo al salón. Allí estaba ella, tendida en el sofá, dentro de su caja reluciente. ¡Muchas gracias, Reyes Magos, por traerme la Barbie!
Óscar Bribián
LA NATIVIDAD
Los tres reyes hechiceros llegaron a la región donde el frío es algo imposible. Lucifer, Azazel y Raazbal desplegaron sus alas membranosas para eclipsar los fuegos que se elevaban alto alrededor. Uno de ellos portaba una pequeña criatura de brazos rollizos y piel rosada. Se congregaron junto a una sima y allí invocaron a su gran Señor y aguardaron la llegada del Venido. Habían logrado su propósito de secuestrar al niño más valioso en la Tierra, y quisieron aguardar la recompensa. Bebieron sangre mientras tanto, paladearon las vísceras del querubín que habían robado allá arriba y trituraron con sus molares los menudos huesecillos.
Uno de los tres reyes se atragantó con la astilla de un hueso, tosió y con un potente espasmo escupió el pedazo.
—Jesús —bromearon los otros dos.
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NOEL
Los niños gritaron y huyeron despavoridos.
—Mi nombre es Noel, Papá Noel —balbuceó el tipo vestido con barba postiza, un gorro y una chaqueta roja. Era tan obeso y estaba tan borracho que se diría que había engullido un barril de sidra. Trató de mantener el equilibrio apoyándose en el quicio de la puerta.
—Muy bien, Harry, eres Papá Noel —respondió su mujer, brazos en jarras, visiblemente malhumorada—, ahora haz el favor de subirte los pantalones. Tus hijos se han asustado al ver tu regalo.
Alberto García-Teresa
CHIMENEAS
Se acerca el momento y todos están aterrados. Corren de un lado para otro de la fábrica con un monótono nerviosismo, como si se hubieran convertido en muñecos a cuerda. Se empujan, se pisan las blancas barbas, estrellan sus orondas barrigas entre sí. Tratan de esconderse entre las cintas transportadoras de la cadena de montaje, de aplastarse bajo las hileras de uniformes que parecen espejos encarnados.
Quieren alejarse de aquella oscura y delgada chimenea que, anclada en el centro del edificio, se pierde en las alturas, más allá de la cúpula del recinto, dejando casi que los témpanos de hielo atraviesen sus anillos de ladrillos, y sin descanso repite cíclicamente su ritual.
Entonces, como una gigantesca aspiradora les succiona con una potencia ardiente; absorbe con gran violencia el aire y les devora uno a uno a través de su tétrico túnel.
Todos los años igual. Todos los años vuelve a resonar el eco de los pistones.
Sólo unos pocos consiguen salvarse. Ésos mismos que inventan fábulas sobre tres nobles de Oriente para que dejen de prestarles atención allá fuera y les permitan parar las máquinas y vivir por fin en paz en su húmeda y oxidada fábrica.
Alfredo Álamo
Puchero de Navidad, gambas y langostinos, candelabros coronados por velas rojas, música alegre de villancicos y alrededor de la mesa mi madre, mi padre, mi hermana pequeña, los primos Tomás y Andrés, la tía Rebeca y el abuelo Antonio. Nunca un rápido curso de taxidermia logró Navidades tan hermosas.
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Con el primer tañer de su campana salen los oscuros hijos que esperan bajo las camas y tras las cortinas, que arrastran los pies mohosos por las sábanas blancas, que con su aliento fétido estropean asados y ensaladas, cuyas estridentes voces se mezclan con las de nuestros seres queridos haciéndolas insoportables, quienes dejan caer cubitos de hielo por nuestro espinazo cuando nadie mira; con el segundo de su dulce resonar la campana los reúne, los alimenta e instruye. Feliz Navidad, canta el viejo Papá Noel, mientras recorre las calles, Feliz Navidad a todos.
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